miércoles 28 de octubre de 2009

TUHUMOR #2

Sabíamos que no iba a ser fácil... y desde luego, no lo ha sido. Pero al fin lo hemos logrado: con todos ustedes, el número 2 del fanzine TUHUMOR.


Y aquí, mi contribución a este número:

viernes 9 de octubre de 2009

Orestes / Las bacantes

Otras dos obras de Eurípides, escritas en su madurez, en las que se pone de manifiesto no sólo su dominio técnico, sino también la sofisticación que el público de la época había alcanzado: obras con abundancia de personajes, mucha acción e historias entremezcladas.

-Orestes. Nueva incursión de Eurípides en el mito de los Atridas, una familia desgraciada donde las haya. En esta ocasión Orestes y su hermana Electra esperan el juicio de la ciudad de Argos, que podría condenarles a muerte por su crimen. Pero en lugar de resignarse, deciden "morir matando". Estos mismos personajes, que en manos de Esquilo y Sófocles tenían una gran talla moral, aquí no son más que humanos débiles, egoístas y cobardes, según los casos (y exceptuando al bueno de Pílades).

-Las Bacantes. Enfadado porque se niegue su divinidad en Tebas, el dios Dioniso castiga a la ciudad enloqueciendo a sus mujeres, que se echan al monte presas de un frenesí báquico. Dioniso juega literalmente con los mortales, sobre todo con Penteo, con quien se ensaña de lo lindo.

Esta es la única muestra que conservamos de drama dionisíaco, una variedad primitiva de tragedia. Y de todas las obras griegas que he leído, ésta ha sido la que más me ha sorprendido: su particular humor, su crudeza, el personaje del dios con su turbadora sonrisa… provocan extrañeza, y la sensación de que se nos escapa mucho del pensamiento y las costumbres de esta gente. Y la verdad, es algo mágico.


jueves 24 de septiembre de 2009

Luogo sacro


sábado 5 de septiembre de 2009

Ifigenia entre los tauros / Ión


He conseguido sobrevivir a un largo y caluroso verano de trabajo, y ahora me voy de merecidas (o no) vacaciones a Italia, así que ya he empezado a leer clásicos latinos, para vivirlos in situ. Pero antes tengo pendiente de reseña varios clásicos griegos, como estas dos tragedias de Eurípides:

-Ifigenia entre los tauros. Más que una tragedia, un melodrama de aventuras con mucha acción: una fuga, una peligrosa misión en territorio enemigo, y el reconocimiento entre dos hermanos separados de niños. Fue en obras como ésta donde nació el suspense.

-Ión. Otra obra basada en el reconocimiento entre dos personajes: el espectador sabe que Ión es un hijo de Creusa que fue abandonado al nacer, pero los personajes lo ignoran. Su reencuentro al cabo de los años y los equívocos que se producen son el motor de la obra.

El tono que emplea Eurípides en ambas obras es similar, menos trágico que en otras ocasiones, y con otro punto en común: los actos de los dioses, culpables de las desgracias de los personajes, ya no se muestran con resignación y reverencia, sino de forma crítica. Baste decir que en el caso de Ión el dios Apolo ni siquiera se atreve a salir al final para arreglarlo todo, sino que envía a Atenea en su lugar...

Ciao, bambini.

jueves 27 de agosto de 2009

Realismo visceral


Según él, los actuales real visceralistas caminaban hacia atrás. ¿Cómo hacia atrás?, pregunté.

-De espaldas, mirando un punto pero alejándonos de él, en línea recta hacia lo desconocido.

Dije que me parecía perfecto caminar de esa manera, aunque en realidad no entendí nada. Bien pensado, es la peor forma de caminar.

Roberto Bolaño, Los detectives salvajes

Los detectives salvajes

Y como guinda a las últimas entradas sobre autobiografías, toca hablar de uno de los libros que más me marcó en su momento: Los detectives salvajes, del gran Roberto Bolaño. Me gustó tanto la primera vez que le tenía miedo a esta relectura, por si me decepcionaba, pero no ha sido así.

Lo de autobiografía es un decir, la etiqueta le va estrechísima: aquí tenemos muchos personajes narrando en primera persona, historias dentro de historias, metaliteratura, viajes, humor, drama, reflexión… y también, aunque disfrazada, la vida del autor y sus amigos de juventud, los poetas infrarrealistas (en el libro "real visceralistas"). Nunca sabremos cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en lo narrado, en una entrevista Bolaño contaba que toda su obra está llena de referencias privadas y guiños a sí mismo, lo bueno es que consiga hacérnoslo interesante a nosotros mediante su hipnotizante forma de narrar, que a mí al menos consigue hacerme interesante cualquier cosa de la que escriba.

Lo más llamativo del libro son la multitud de voces narrativas que forman la segunda parte (dos tercios) de la novela, y que como ya comenté por aquí, Bolaño compara con el río Mississippi de Las aventuras de Huckleberry Finn. Mediante estas voces, tan diferentes, el escritor repasa sus vivencias desde el punto de vista de los demás: amigos, novias, editores… a lo largo de veinte años (1976-1996) en los que amores surgen y se rompen, la amistad se enfría, se afrontan peligros, los sueños se van perdiendo (o sustituyendo)… la vida, en fin, de unos personajes en permanente estado de búsqueda, marcados por su pertenencia a la generación de latinoamericanos nacidos en los 50, muy politizada pero también muy poetizada: todos los personajes están envenenados por la literatura, la viven intensamente y ésta es una de las cosas que más me gustan de la novela, hasta el punto que después de leerla empecé yo mismo a leer poesía. Y a disfrutarla.

jueves 13 de agosto de 2009

El mundo

Sigo con más historias autobiográficas. A pesar de lo mucho que se moja opinando en prensa y radio, Juan José Millás es un autor ampliamente respetado, algo meritorio en un país como éste.

Consigue escribir libros comerciales (éste se llevó el Planeta) con una prosa accesible, pero su sencillez es sólo aparente. Sobre todo en lo que toca a la psicología de sus personajes, en sus textos se adivina una cierta querencia por el psicoanálisis y en este libro lo demuestra, pero afortunadamente no es un escritor "psicológico" al uso, su prosa logra convertir al lector en cómplice a través del humor y la ironía, que barniza hasta los sucesos más deprimentes.

El mundo del título es la calle de su infancia en Madrid, de la que siempre trató de huir y ahora recuerda con nostalgia. Se detiene en algunos episodios de su vida, convirtiéndolos hábilmente en literatura: su gran amigo de la infancia, su amor más o menos platónico, sus neuras de madurez… fijándose en cómo todas las cosas adquieren una nueva perspectiva con el paso del tiempo, por ejemplo la relación con su padre.

Algunas de estas vivencias ya las había empleado en otras obras, y así nos lo hace saber, enseñando su "cocina" de escritor y su evolución desde la infancia, cuando se dio cuenta de la especial relación que lo une a las palabras, que maneja como manejaba su padre el bisturí eléctrico: "cauterizando la herida en el momento mismo de producirla".

martes 11 de agosto de 2009

Zoom

Hace unos años me ofrecieron diseñar unos carteles para un local. Al final no se hicieron los carteles, pero al menos me invitaron a alguna copa.