miércoles 9 de diciembre de 2009

Génesis

Robert Crumb es el más grande, como ya se ha visto por aquí en varias ocasiones. Siempre huyendo de cualquier etiqueta, ahora vuelve a desconcertar a todo el mundo ilustrando el primer libro de la Biblia con su característico y extraordinario dibujo, lleno de fuerza y más realista que nunca, ya que el texto se respeta palabra por palabra, y Crumb se limita a ilustrar los "no-tan-bien-conocidos" episodios de Adán y Eva, Caín y Abel, Noé, la torre de Babel... historias universales que están en la raíz de nuestra cultura, para bien o para mal.

Precisamente la enorme importancia que aún tiene este libro es lo que ha impulsado a Crumb a emprender esta tarea titánica (ya ha dicho que no piensa continuarla con otros libros bíblicos, pero ojalá otros autores se animasen). Y es que es increíble el hecho de que unas leyendas mesopotámicas de hace tantos siglos hayan originado tanta fe, tanto fanatismo, tantas monjas, monjes, rabinos, catedrales y mezquitas... y no me extiendo en criticar las religiones, que me pierdo...

Son muy interesantes los apéndices, en los que Crumb explica las decisiones que tomó a la hora de abordar el trabajo, así como algunas teorías en las que se apoyó: el papel de la mujer, por ejemplo, parece ser el reflejo de la situación religiosa de la época, en la cual la religión "femenina" daba paso a la hegemonía masculina que aún hoy perdura. Esta interesante teoría la vimos también en Los mitos griegos.

Me ha venido muy bien esta lectura, ahora que estoy con literatura antigua. Además, como complemento, el otro día en la feria del libro antiguo me hice con el Gilgamesh (en la maravillosa edición de la Biblioteca Personal de Borges, todo un hallazgo), que, como sabéis, comparte mitos con la Biblia.

lunes 23 de noviembre de 2009

El banquete


Como el Fedón, El banquete es una de las últimas obras escritas por Platón, seguramente la más popular de las suyas y una obra maestra indiscutible.

En forma dialogada, como era habitual en él, Platón narra un simposio en el que participan destacados ciudadanos de Atenas: entre otros, los dramaturgos Agatón y Aristófanes, el médico Erixímaco, el sofista Pausanias y por supuesto el filósofo Sócrates, que se turnan para elogiar a Eros (el subtítulo de la obra es "Sobre el amor"), pues lo consideran un dios muy importante del que se habla poco.

De entre las teorías expuestas, las más interesantes son las de Aristófanes y Sócrates: el primero enuncia la teoría de los andróginos, según la cual antiguamente había hombres, mujeres y una tercera raza de hermafroditas. Los dioses castigaron a estos últimos separando sus sexos, dando lugar a los heterosexuales, que buscan su mitad perdida. Los descendientes de hombres y mujeres "puros" sólo se sienten atraídos por su mismo sexo.

Cuando llega el turno de Sócrates, afirma que todo lo que sabe sobre el amor lo aprendió de una tal Diotima de Mantinea, una misteriosa mujer sobre la que no existen más referencias. Niega la divinidad del amor, al que considera un daimon artero y manipulador, y enseña a Sócrates la diferencia entre el amor físico y el espiritual (el que alumbra ideas y pensamientos, lo que hoy llamaríamos "amor platónico").

Algo que me ha parecido interesante es que, si Diotima educó a Sócrates, y al parecer Aspasia educó a Pericles, tendríamos que dos mujeres han instruido al más importante filósofo y al más importante político de la época.

Entre todas estas disquisiciones filosóficas se intercalan conversaciones desenfadadas entre los participantes, y anécdotas que dotan de vida al relato: el acuerdo para rebajar el vino con agua y no "ponerse" demasiado, pues la mayoría habían salido la noche anterior; Erixímaco dando una cura para el hipo; la llegada de Alcibíades, borracho y cariñosamente celoso de Sócrates… hacen el diálogo mucho más accesible y ameno.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Las avispas / Las nubes

Si Eurípides, como vimos en entradas anteriores, representa un tipo de autor innovador, preocupado por evolucionar y hacer evolucionar a sus espectadores, en Aristófanes nos encontramos con un comediógrafo conservador que se burla de los nuevos modos de filosofar y dramatizar: de Sócrates, o del propio Eurípides…

Al contrario que en la tragedia, los protagonistas de las comedias son gente de la calle, y esto es genial porque nos acerca mucho más a la vida cotidiana de la Atenas de aquel tiempo, una ciudad de 20.000 habitantes en la que todos debían conocerse. Los autores de comedias aprovechaban para satirizar las costumbres de sus vecinos, y aunque Aristófanes critica a los comediógrafos anteriores por su humor grueso o por "tirar caramelos al público para ponérselo de su parte", los gustos de ese público no han cambiado mucho (siguen sin hacerlo) y también en estas comedias más sofisticadas podemos encontrar burlas a personajes conocidos de la polis, acusaciones de homosexualidad, de cobardía, adulterio… (por cierto, uno de los castigos para los adúlteros era introducirles un nabo por el culo… si, en serio).

-Las avispas. Critica la obsesión de los atenienses por meterse en pleitos. Los protagonistas son el viejo Filocleón y su hijo Bdelicleón, quien para conseguir alejar a su padre de la afición a los juicios le monta un juzgado en casa, que el viejo estrena juzgando a un perro. Así consigue que Filocleón se preocupe de otras cosas, y salga a divertirse a un simposio. Pero allí se emborracha, monta un escándalo y acaban por denunciarlo, pasando así de acusador a acusado.

-Las nubes. De nuevo un padre y un hijo enfrentados (el enfrentamiento entre los viejos y los nuevos valores parece un tema muy habitual, también presente en Las Bacantes de Eurípides). Ambos acuden a estudiar a la escuela de Sócrates, donde pueden aprender el Argumento justo y el injusto, que les permitirá ganar todos los juicios. Sócrates es representado como un vulgar sofista corruptor de la juventud y desdeñador de los dioses (recordemos que esa opinión sobre él causó su muerte), que apoyándose en su cháchara puede rebatir cualquier razón. Sus seguidores son jóvenes pálidos y con melena, como se diría actualmente: "unos jipis".


miércoles 28 de octubre de 2009

TUHUMOR #2

Sabíamos que no iba a ser fácil... y desde luego, no lo ha sido. Pero al fin lo hemos logrado: con todos ustedes, el número 2 del fanzine TUHUMOR.


Y aquí, mi contribución a este número:

viernes 9 de octubre de 2009

Orestes / Las bacantes

Otras dos obras de Eurípides, escritas en su madurez, en las que se pone de manifiesto no sólo su dominio técnico, sino también la sofisticación que el público de la época había alcanzado: obras con abundancia de personajes, mucha acción e historias entremezcladas.

-Orestes. Nueva incursión de Eurípides en el mito de los Atridas, una familia desgraciada donde las haya. En esta ocasión Orestes y su hermana Electra esperan el juicio de la ciudad de Argos, que podría condenarles a muerte por su crimen. Pero en lugar de resignarse, deciden "morir matando". Estos mismos personajes, que en manos de Esquilo y Sófocles tenían una gran talla moral, aquí no son más que humanos débiles, egoístas y cobardes, según los casos (y exceptuando al bueno de Pílades).

-Las Bacantes. Enfadado porque se niegue su divinidad en Tebas, el dios Dioniso castiga a la ciudad enloqueciendo a sus mujeres, que se echan al monte presas de un frenesí báquico. Dioniso juega literalmente con los mortales, sobre todo con Penteo, con quien se ensaña de lo lindo.

Esta es la única muestra que conservamos de drama dionisíaco, una variedad primitiva de tragedia. Y de todas las obras griegas que he leído, ésta ha sido la que más me ha sorprendido: su particular humor, su crudeza, el personaje del dios con su turbadora sonrisa… provocan extrañeza, y la sensación de que se nos escapa mucho del pensamiento y las costumbres de esta gente. Y la verdad, es algo mágico.


jueves 24 de septiembre de 2009

Luogo sacro


sábado 5 de septiembre de 2009

Ifigenia entre los tauros / Ión


He conseguido sobrevivir a un largo y caluroso verano de trabajo, y ahora me voy de merecidas (o no) vacaciones a Italia, así que ya he empezado a leer clásicos latinos, para vivirlos in situ. Pero antes tengo pendiente de reseña varios clásicos griegos, como estas dos tragedias de Eurípides:

-Ifigenia entre los tauros. Más que una tragedia, un melodrama de aventuras con mucha acción: una fuga, una peligrosa misión en territorio enemigo, y el reconocimiento entre dos hermanos separados de niños. Fue en obras como ésta donde nació el suspense.

-Ión. Otra obra basada en el reconocimiento entre dos personajes: el espectador sabe que Ión es un hijo de Creusa que fue abandonado al nacer, pero los personajes lo ignoran. Su reencuentro al cabo de los años y los equívocos que se producen son el motor de la obra.

El tono que emplea Eurípides en ambas obras es similar, menos trágico que en otras ocasiones, y con otro punto en común: los actos de los dioses, culpables de las desgracias de los personajes, ya no se muestran con resignación y reverencia, sino de forma crítica. Baste decir que en el caso de Ión el dios Apolo ni siquiera se atreve a salir al final para arreglarlo todo, sino que envía a Atenea en su lugar...

Ciao, bambini.