martes, 30 de octubre de 2007

Barrio lejano

En este manga, Jiro Taniguchi vuelve a los mismos temas de El almanaque de mi padre: la infancia en los años sesenta (la misma que vivió Taniguchi, y en el mismo pueblo: Tottori), las barreras generacionales, la familia…

Hiroshi, un hombre de negocios de 48 años, se ve misteriosamente devuelto al pasado, a sus catorce años de 1963, pero con sus recuerdos y experiencias de madurez; un viejo sueño que todos hemos tenido alguna vez (y que hemos visto, por ejemplo, en Peggy Sue se casó, de Coppola). Hiroshi se da cuenta que fue por esa misma época cuando su padre les había abandonado, un hecho que conmocionó a toda su familia; así que decide aprovechar esta nueva oportunidad para descubrir las razones que llevaron a su padre a tomar esa decisión, y si puede, impedirlo. Pero al mismo tiempo se aprovecha de su situación, dejándose llevar por su “nueva” vida: saca mejores notas, destaca en los deportes, se liga a la “guapa oficial” del instituto… olvidándose poco a poco de su vida adulta.

El almanaque de mi padre me gustó bastante, pero he disfrutado mucho más con Barrio lejano. Su ritmo es más ágil, y Taniguchi logra involucrar más al lector en la historia, aumentando la tensión a medida que se acerca el día en que el padre se marcha. Por lo demás, este autor vuelve a demostrar su maestría con la expresión facial, los silencios, la creación de ambientes y la dosificación de las emociones. Entre otras cosas.

viernes, 26 de octubre de 2007

Brujería, estructura social y simbolismo en Galicia

Como advierte la contraportada, éste no es un libro frívolo sobre brujería, sino una exhaustiva investigación antropológica de Carmelo Lisón Tolosana, que desde 1964 hasta 1976 (más intensamente los primeros años), recorrió toda Galicia con su magnetófono recopilando las experiencias de los vecinos de incontables aldeas en relación a este tema.

Tras una introducción histórica (casos de brujería en Galicia juzgados por la Inquisición) y otra antropológica, el grueso del libro se divide en el estudio de tres aspectos de la bruja: la bruxa, la sabia, y la meiga, siendo esta última acepción la que recoge el sentido negativo de la palabra: bruja como causante de daños, mal de ojo, etc., aunque el propio Lisón Tolosana advierte que estas palabras pueden usarse de forma indistinta según los lugares o las gentes que la empleen.

Algunas de las causas del fenómeno las encuentra el autor en la distribución geográfica de la población, diseminada en pequeñas aldeas mal comunicadas, a las cuales el médico podía tardar días en llegar. No es de extrañar que los vecinos aquejados de un mal recurriesen a la medicina tradicional de las brujas.

Otro factor importante fue la sempiterna emigración: gente que volvía de América con conocimientos “mágicos” de adivinación, cartomancia… que ponían al servicio de la comunidad para ganarse la vida, ya que a su regreso se les veía como extraños, lo cual dificultaba su integración pero añadía credibilidad y “exotismo” a sus ritos.

Pero sin duda el factor fundamental es la envidia entre vecinos, y la necesidad de un chivo expiatorio (un concepto fascinante) al que culpar de las enfermedades, de las malas cosechas, de los desengaños amorosos… así que, además de "haberlas haylas", "si no existieran, tendríamos que inventarlas"...


miércoles, 24 de octubre de 2007

Éramos tan jóvenes (3)

Aquí vengo con más series de las que emitía la gallega en los ochenta.

A falta de versión gallega, he encontrado Carteiro Pat en portugués; para ellos es Carteiro Paulo, pero ¿alguien entiende cómo demonios le han puesto al gato?


Esta otra serie tenía personajes de estética muy similar y otra canción pegadiza: Berta, amada Beeerta, o meu querido robooot…


Y por último… Gargalladas de Horror. Lo que era un horror, pero divertidísimo, era el doblaje al gallego de estos dibujos… he conseguido una versión en castellano, aunque sé que no es lo mismo.

lunes, 22 de octubre de 2007

Lo mejor que le puede pasar a un cruasán

Pablo Tusset logró en 2001 convertir su primera novela en un best-seller, que un año después fue adaptada al cine y protagonizada por Pablo Carbonell.

El protagonista de la obra es otro Pablo, Pablo Miralles, al que me fue inevitable ponerle la cara del escritor (en la edición que leí, de Círculo, hay una foto suya en la contraportada). También conocido como Baloo, es la oveja negra de su burguesa familia: gordo, aficionado a las drogas, vago, putero… pero cuando su hermano -todo lo opuesto a él- desaparece, Pablo se lanza a investigar, y sus pesquisas le llevan a recorrer, entre porros y vichoff (vodka con agua de Vichy), una Barcelona de clubs muy privados, extraños restaurantes y casas misteriosas.

La trama policíaca es una excusa para analizar la personalidad de Pablo Miralles, un personaje que recuerda mucho al inolvidable Ignatius Reilly. Vicioso, pero con inquietudes intelectuales, aficionado a Internet (parece ser que Tusset trabaja, o trabajaba, como informático), prepotente y espíritu libre, aunque dependa económicamente de su familia.

El libro cumple su función de entretener y su lectura es amena, pero tiene altibajos, y me ha parecido una novela hecha con intención de gustar. Lo cual no tiene nada de malo, mientras no se note, y aquí se nota que el autor quiere “quedar bien”, difundir algunas de sus propias ideas y facturar un producto de éxito. Objetivo conseguido, pero…

viernes, 19 de octubre de 2007

Sherlock Time

Algún día hablaré más extensamente de mi admiración por la cultura argentina del siglo XX, en especial su literatura… y sus tebeos, claro. En Sherlock Time se unieron por primera vez el más grande guionista y el más importante dibujante argentinos del pasado siglo: Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia, que publicaron estas páginas entre 1958 y 1959, cuando ambos artistas rondaban los cuarenta años y estaban en plena forma.

Sherlock Time
fue un campo de pruebas para su gran obra conjunta posterior, Mort Cinder (1962). Como en ésta, los protagonistas son el misterioso investigador de lo oculto (Sherlock), y su “ayudante”, el jubilado Julio Luna, que ejerce de Watson como narrador de las historias. Roles que en Mort Cinder desempeñarán el propio Mort y su “Watson” particular, el anticuario Ezra Winston. Hay otras conexiones entre ambas obras: la trama de la segunda historia, El Ídolo, por ejemplo, donde además aparece un personaje, también anticuario, que anticipa a Ezra, a quien Breccia dibujaba con su propia cara “de viejo”, así como Julio Luna tiene la cara del Breccia cuarentón.

Aunque los argumentos son los habituales de la ciencia ficción de la época, ya bastante trillados en Estados Unidos por el cine, novelas pulp, cómics… el mérito de Oesterheld consiste en apropiárselos para el lector argentino: los personajes viven en Buenos Aires, leen a Groussac, toman mate… Si queréis saber más de éste genial guionista, justo esta semana se celebra en la web Zona Negativa la Semana Oesterheld, por coincidir con el 30 aniversario de su dramática “desaparición” a manos de la dictadura argentina.

En cuanto a Breccia, estaba convirtiéndose ya en el genio que fue. Aunque mejoraría mucho en el futuro (Mort Cinder, Buscavidas, Drácula…) y él mismo acabó diciendo que no estaba contento con éste trabajo, empieza a arriesgar cada vez más en sus viñetas y tiene la audacia del que sabe que está muy cerca de dominar su oficio. Alejándose de la influencia de Caniff, su técnica es cada vez más expresionista. Su dominio del blanco y negro es impresionante ya desde la primera historia, La Gota, un opresivo cuento a lo Edgar Allan Poe, lleno de sombras.


martes, 16 de octubre de 2007

Fotos hechas por teléfono (3)

Charco (homenaje a Escher)

Feria 1

Feria 2

Músicos

sábado, 13 de octubre de 2007

Locas #2

Vaya si mejora este segundo tomo con respecto al primero: las aventuras de ciencia ficción, dinosaurios y superhéroes dejan paso a historias más cotidianas de pasiones, celos, cuernos y punk-rock, en las que la serie da un salto de calidad impresionante.

Los personajes ganan en profundidad y las historias se entrelazan, pero como eje narrativo permanece siempre la historia de amor-amistad entre Hopey y Maggie, desarrollada de forma magistral, con una sensibilidad que nunca cae en la ñoñería (algo muy difícil a mi juicio, que pocos narradores consiguen).

Si comentando el primer tomo decía que nadie como los hermanos Hernández había tratado mejor la personalidad femenina en un cómic, ahora me atrevería a afirmar que en Locas está el mejor retrato que se ha dado en un tebeo (que yo haya leído) de lo que llamamos “ser joven”, junto a otro monumento: Agujero Negro, de Charles Burns.

Y siguiendo con las (odiosas, lo sé) comparaciones, esas relaciones entre chicas de Locas me han recordado bastante a las de las protagonistas de Ghost World, de Daniel Clowes, y a Promethea y su amiga Stacia, en el Promethea de Alan Moore. Y mira que me gustan Moore y Clowes, pero al menos en este aspecto la ventaja es para Hernández, por haber conseguido más frescura en las relaciones entre sus personajes. O será que tengo su lectura más reciente, no sé; si comento esto es para destacar la tremenda influencia de Love & Rockets en obras posteriores.

El dibujo es tema aparte: precioso. Jaime Hernández es un auténtico maestro del blanco y negro que ha logrado un equilibrio perfecto entre clasicismo y modernidad. Ahí queda eso (de momento).


viernes, 12 de octubre de 2007

Éramos tan jóvenes (2)

Segunda entrega del nostálgico recorrido por la TVG de mi infancia:

La mítica cabecera de Tarzán:

Este é un traballo para… ¡Superman!

Y con éste vais a flipar, si os acordáis; atentos a la música: ¡King Kong!

martes, 9 de octubre de 2007

Caos y Orden

De la infinidad de fenómenos que pasan en torno a mí, aíslo uno. Elijo, por ejemplo, un cenicero sobre mi mesa (el resto desaparece en la sombra).

Si esta percepción se justifica (por ejemplo, he señalado el cenicero porque debo tirar la ceniza de mi cigarrillo) todo es perfecto.

Si he elegido el cenicero por azar y no vuelvo después a advertirlo, también todo va bien.

Pero si, después de haber destacado ese fenómeno sin objeto preciso, vuelve usted a él, ahí está lo grave. ¿Por qué ha vuelto usted, si aquél carece de importancia? ¡Ah, ah!, ¿así que significa algo para usted, ya que vuelve a él? He aquí como, por el simple hecho de concentrarse sin razón alguna un segundo de más en ese fenómeno, la cosa comienza a ser diferente del resto, a cargarse de sentido…

-¡No, no! (se defiende usted), es sólo un cenicero ordinario.

-¿Ordinario? ¿Entonces por qué defenderse, si es en verdad un cenicero ordinario?

He aquí cómo un fenómeno se convierte en una obsesión…

¿Será que la realidad es, en esencia, obsesiva? Dado que nosotros construimos nuestros mundos por asociación de fenómenos, no me sorprendería que en el principio de los tiempos haya habido una asociación gratuita y repetida que fijara una dirección dentro del caos, instaurando un orden.

Hay algo en la conciencia que se convierte en trampa de ella misma.


Witold Gombrowicz, Cosmos

lunes, 8 de octubre de 2007

Cosmos

Novela de Witold Gombrowicz (1904-1969), un polaco que bebe de la tradición vanguardista y de la novela psicológica, y que ha influido mucho a escritores en español debido a su largo exilio en Argentina. Le tenía ganas a este autor, así que no me lo pensé mucho cuando encontré de saldo esta edición en tapa dura y traducida por Sergio Pitol por tan sólo 1,80 miserables euros.

El hallazgo de un gorrión colgado de una rama desencadena una serie de hechos en apariencia triviales, pero que en la mente del protagonista-narrador se convierten en obsesión, y le empujan a participar en extraños juegos de correspondencias, cada vez más inquietantes.

Aunque el propio autor define a su novela como “policíaca”, la etiqueta se le queda muy corta. Por un lado, disecciona la vida de una casa de huéspedes burguesa, cuyos habitantes y sus patéticas vidas quedan expuestas sin piedad: las relaciones humanas, muchas veces crueles, y esas máscaras que nos vestimos cada mañana y nos ocultan de los demás.

Por otra parte, el protagonista se esfuerza por dar forma al caos de la realidad en su cabeza, llegando a conclusiones absurdas en su mayoría, pero que no dejan de tener una cierta lógica: esa lógica que nos lleva a contar las baldosas de la pared, o a ver la cara de la Virgen en una mancha de humedad. Así de raros somos, y así nos lo cuenta este libro.

sábado, 6 de octubre de 2007

Éramos tan jóvenes (1)

Un comentario en (la) otra entrada sobre este tema y el conmovedor repaso nostálgico que se ha marcado recientemente La Vida en Viñetas me han impulsado a inaugurar la sección de videos y a recordar de nuevo la TVG de los comienzos. Por si algo no va bien, dejo además de los videos los enlaces al youtube, si los seguís podréis encontrar otros fragmentos de las mismas series.

Claro que lo ideal sería poder verlas con su doblaje al gallego (¡Vóalle os miolos!), a ver si alguien en la telegaita lee esto y se anima a reponer material antiguo.

Vamos allá, empezamos suavecito: Manimal convirtiéndose en pantera.


A Muller Biónica. Bueno, en este caso, La Mujer Biónica:


Y uno de mis favoritos: Os dos Contiños.

lunes, 1 de octubre de 2007

¿Pentagonal o redondo?

Un clásico moderno, el mechero Clipper, ha cambiado su diseño, al parecer por razones de seguridad, para que a los niños les sea más difícil encenderlo. Lo cierto es que la rueda redonda era más cómoda, pero todo sea por la infancia…


Buscando información, he encontrado una página muy completa sobre los ya extinguidos clipper regulables.

Y aquí, el modelo trapichero, con doble fondo.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Odio #14

Yo fui joven en los 90, una década que aportó a la cultura popular las películas de Tarantino, la música grunge y los libros de Paul Auster, por poner ejemplos bien reconocibles (y bien yanquis). En cuanto a cómics, si pienso en los 90 pienso automáticamente en Odio, de Peter Bagge.

Siempre se dice de Odio que es el retrato, o la parodia, de la famosa Generación X, esa a la que nadie quiso pertenecer. Y es que muchos odian estas etiquetas, pero lo cierto es que todos somos hijos de nuestro tiempo, nos guste o no, y en esta época surgió una nueva mentalidad entre los jóvenes: una generación que pasa de política o compromisos sociales y sólo busca el dinero, la diversión, la vida fácil, o al menos vivir sin que le toquen mucho las pelotas (u ovarios), "tomando el sol", como decía Albert Plá en aquella canción.

Las aventuras de Buddy Bradley, el protagonista de la serie, empiezan en Seattle, donde comparte piso con otros cuatro desquiciantes compañeros. Sus intentos por sobrevivir y relacionarse con la "odiosa" fauna humana eran tan reales y divertidos que engancharon al público a la serie. Así, Buddy podría haber seguido viviendo eternas aventuras de veinteañero inadaptado, pero Bagge apostó por hacer que el personaje madurase y tuviera nuevas expectativas. Así que, hacia la mitad de la serie, abandonó el blanco y negro inicial por colores planos y chillones. Y Buddy, que ya se acercaba a los treinta, abandona Seattle y la vida "modernilla" para volver a la cateta New Jersey a casa de sus padres, y hacer algo con su vida: monta un negocio, afianza su relación con Lisa y "se integra". Bagge fue muy criticado por esta evolución del personaje, pero en mi opinión ha dado en el clavo, pues la serie gana en complejidad y realismo en estos últimos números, sin dejar de ser terriblemente divertida. Os recomiendo esta entrevista que ofrece Entrecomics traducida, donde el autor habla de esto y de muchas otras cosas.

Bagge dio por terminada la serie en el 2000, lo que correspondería al número 13 de La Cúpula, pero vuelve periódicamente a sus personajes, y de estas "vueltas" sale el material que se publica en este número 14. Además, acaba de salir el tomo 1 de la edición integral, no os la perdáis si nunca habéis leído las aventuras de este personaje, al que tanto odiamos por todo lo que se nos parece.

lunes, 17 de septiembre de 2007

20th Century Boys (1 al 12)

Cuando faltan pocas fechas para llegar al siglo XXI, en todo el mundo se desata una oleada de sangrientos atentados. Al mismo tiempo, en Japón, una asociación pseudoreligiosa alcanza cada vez más poder, liderada por un misterioso individuo que se hace llamar "Amigo", y que emplea como símbolo un extraño dibujo. Pero lo más raro es que este símbolo lo habían inventado, hacia 1970, una pandilla de niños. Estos niños, que ahora son treintañeros, deberán buscar entre sus recuerdos las claves que les lleven a desenmascarar a "Amigo" y hacer realidad su sueño de la infancia: salvar al mundo.

A partir de aquí, los acontecimientos se desencadenan sin tregua a lo largo de más de 4.000 páginas repartidas en 22 tomos... de momento, ya que a partir de ahí creo que Naoki Urasawa está continuando la serie con el título de 21th Century Boys. Y es que se nota que el autor disfruta llevando a las viñetas las historias de su infancia, la cultura popular y los sucesos del pasado que forman parte del inconsciente colectivo japonés, como la Expo del 70 o las películas de Godzilla. Pero no es la nostalgia el motor del tebeo, sino la acción, la ciencia ficción, y sobre todo el misterio conque el autor logra siempre sorprendernos, sacándose de la manga nuevos giros argumentales, sin que el guión se le vaya nunca de las manos, algo meritorio teniendo en cuenta lo numeroso de los personajes, la longitud de la obra, y que ésta se desarrolla a lo largo de unos 50 años (sobre todo en tres períodos, de momento: 1970, 2000 y 2014; pasado, presente y futuro).

A pesar de estar bastante enganchado, por alguna razón había abandonado su lectura en el tomo 10 hace más de un año. Pero he vuelto, y me alegro, ya que al final del tomo 12... ¡Se desvela por fin la identidad de "Amigo"! Porque será él, ¿o no?...

Parece que se han decidido a adaptar la obra al cine el próximo año (más información -en japonés- aquí), aunque lo que realmente le sentaría bien a este cómic sería una adaptación a la tele, ahora que triunfan las series largas de misterio tipo Lost. Sería un éxito seguro.

viernes, 31 de agosto de 2007

Locas #1

Primer tomo de los tres que recopilan las historias de Locas, que Jaime Hernández creó en los ochenta para la mítica revista Love & Rockets. Si su hermano Beto en la espléndida Palomar retrata a los habitantes de un pueblo mexicano de la frontera, Jaime nos habla de los que ya han cruzado esa frontera y se han establecido en los USA (como hizo la propia familia Hernández).

Había leído hace tiempo el Mechanics que sacó La Cúpula en color, pero al leer sólo esa historia aislada del resto no me había dejado muy buen sabor de boca. Después, cuando (fascinado) leí Palomar, pensé que Beto era el “hermano bueno”, pero acabo de comprobar con Locas que ambos hermanos desbordan talento: puede que Beto sea mejor guionista, y desde luego Jaime es mejor dibujante, tiene un estilo clásico precioso. Pero ambos autores complementan a la perfección sus miradas, y desde luego, nunca los personajes femeninos habían sido tan reales y tan bien tratados en un cómic. Porque Locas es, como Palomar, una historia de mujeres: Maggie, Hopey y las demás se enamoran, ríen, lloran, maduran… pero también luchan en el ring, viven divertidas aventuras y viajan a exóticos países imaginarios, pasando del romanticismo al drama y de ahí a la comedia, sin que el resultado final pierda un ápice de interés... ¡y creo que aún va a mejorar! Me voy corriendo a por el segundo tomo.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Fotos hechas por teléfono (2)

Otxo 2, 2006

Señor Taza, 2006

El río, 2006

The wall, 2006

lunes, 27 de agosto de 2007

Correspondencias


DON FARRUQUIÑO.–Cada vino reclama su sacramento. Rueda blanco, propio para acompañar una tortilla de chorizos. Espadeiro de Salnés, bueno para refrescar en el monte, o en una romería o en un juego de bolos. Ribero de Avia, para las empanadas de lamprea y las magras de Lugo. Cada vino tiene su correspondencia en la vida, igual que todas las cosas. El mundo es armonía y concierto pitagórico. ¡Y nadie me rebata, si no está ordenado de teólogo!

CARA DE PLATA.–¡Cómo se conoce que andas entre abades!

Ramón del Valle-Inclán, Cara de Plata

sábado, 25 de agosto de 2007

Cara de plata

Aunque escrita en último lugar (1922), según la cronología de los textos es la primera de las tres Comedias Bárbaras de Ramón del Valle-Inclán, uno de mis escritores favoritos del que ya he hablado por aquí. A esta obra le siguen Águila de Blasón (1907) y Romance de Lobos (1908), que junto a otra joya, Divinas Palabras, conforman lo que los expertos llaman ciclo mágico, o mítico, del teatro de Valle.

En el marco de una Galicia rural de finales del siglo XIX, las Comedias Bárbaras narran la decadencia de los Montenegro, una familia de hidalgos poseída por pasiones desaforadas, cuyo mundo está a punto de desaparecer y del que Valle pudo ser testigo en su juventud. En sus propias palabras:

“He asistido al cambio de una sociedad de castas… y lo que vi no lo verá nadie. Soy el historiador de un mundo que acabó conmigo. Ya nadie volverá a ver vinculeros y mayorazgos. Y en este mundo que yo presento de clérigos, mendigos, escribanos, putas y alcahuetas, lo mejor –con todos sus vicios– eran los hidalgos, lo desaparecido.”


Una trivial disputa (el paso por los terrenos del castillo) motiva el enfrentamiento del caballero Juan Manuel Montenegro con el abad de la parroquia: la hidalguía frente al clero, los dos estamentos más poderosos de la época retratados por personajes cargados de intensidad, exagerados pero creíbles, como es habitual en el escritor arousano. Junto a ellos, “el pueblo llano”: Fuso Negro, el loco vagabundo; el sacristán, que es el “perro” del abad (son frecuentes las “animalizaciones” o “deshumanizaciones” en Valle); Pichona la Bisbisera, feriante y echadora de cartas…

Difícilmente representable, como buena parte de su teatro, es el primer intento de seguir en España las corrientes dramáticas modernas que llegaban de Europa, como el teatro simbolista. Así, Valle se aleja de los esquemas clásicos, el espacio escénico tradicional se le queda pequeño, como nos demuestran sus alucinantes y poéticas acotaciones, que leídas hoy nos hacen pensar inmediatamente en el cine antes que en el teatro. En mi caso, mientras leía he pensado que la animación (estilo Tim Burton) podría hacer maravillas con sus obras.

Otro rasgo típico en Valle es su lenguaje, un castellano potentísimo que busca la expresión más enfática mediante palabras hoy en desuso, que pueden hacer ardua su lectura (manía de Austral de poner el glosario al final del libro, en lugar de notas a pie de página), pero decididamente vale la pena el esfuerzo. A estas hay que sumar los frecuentes galleguismos, aunque en mi caso estos son muy disfrutables, porque me recuerdan a las expresiones que usa mi abuela (“arrenegado sea o demo”, por ejemplo) y me encantan.


miércoles, 22 de agosto de 2007

Tiresias

Vino después el alma de Tiresias, el tebano, que empuñaba áureo cetro. Conociome y me habló de esta manera:

-¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Odiseo, fecundo en ardides! ¿Por qué, ¡oh, infeliz!, has dejado la luz del sol y has venido a ver a los muertos y esta región desapacible? Apártate del hoyo y retira la aguda espada, para que, bebiendo sangre, te revele la verdad de lo que quieras.

Homero, Odisea

lunes, 20 de agosto de 2007

Odisea

Después de diez años de guerra en Troya, y diez más de viaje de vuelta llenos de aventuras, el héroe Odiseo regresa a Ítaca para reencontrarse con su mujer Penélope y su hijo Telémaco. Pero en su ausencia han sido muchos los que se han establecido en su palacio para pedir la mano de Penélope, y Odiseo deberá luchar para recuperar el trono y a su familia.

Es incalculable la influencia que ha tenido esta obra en toda la literatura posterior. Baste decir que al poco tiempo de su aparición, tanto la Odisea como la Ilíada se consideraban ya obras maestras, y eran analizadas al detalle por los expertos de la época.

Un misterio que nunca se ha aclarado es el de su autoría, ya que ambas obras son muy diferentes entre ellas. Hay teorías para todos los gustos: por ejemplo, Robert Graves en Los Mitos Griegos afirma (apoyando a Samuel Butler) que es casi seguro que el autor de la Odisea fue una mujer, basándose en que su estilo “ligero, humorístico, ingenuo y vivo” es claramente femenino. Es una idea, pero parece ser que los estudios más recientes defienden la teoría de “un solo autor” para los dos poemas, el Homero (masculino) de siempre, un autor que se sitúa en el punto de inflexión entre la literatura oral anterior y la inminente literatura escrita.

La Odisea es un libro más moderno, en su lenguaje y en sus temas, que la Ilíada. No se limita a exaltar el ardor guerrero, aquí hay amor, intriga, humor, emoción, violencia… es más popular, puedo imaginar al primitivo auditorio que escuchaba estas historias, maravillado, haciendo preguntas, llorando y riendo con las peripecias de los personajes.

En la Ilíada se nos narra un solo episodio de la guerra de Troya, linealmente y con pocos cambios de escenario (Troya y alrededores), en el tono épico de las grandes gestas. La Odisea, en cambio, recorre muchos lugares, reales e imaginarios, y aunque nunca se aparta del tema principal (la vuelta a casa del héroe y su enfrentamiento con los pretendientes), intercala diversos folk-tales, que ya debían ser viejos en el momento que Homero compuso su obra, narrados en tercera persona, o bien en primera por Odiseo: así, su encuentro con los lotófagos, con el cíclope Polifemo, el episodio de las sirenas… A diferencia de los héroes de la Ilíada, los personajes son aquí más cercanos, más “humanos” en sus deseos y sus miserias. Empezando por Odiseo, un protagonista perfectamente definido, astuto, racional, seductor, buen camarada y gran contador de historias.

Pese a todo, hay múltiples similitudes entre las dos obras, como las repeticiones formulares (“la aurora de rosáceos dedos”), las metáforas, o los constantes sacrificios a los dioses y la intervención de éstos en los asuntos humanos.

Por último, y como curiosidad, decir que según el autor de la Guía de Lectura de ésta edición (Austral), la isla de Ogigia, en la que Calipso retiene a Odiseo durante años, no es otra que… ¡”nuestro” islote Perejil! Al final sí valía la pena reconquistarlo (ja)… qué cosas…


viernes, 17 de agosto de 2007

jueves, 16 de agosto de 2007

Las estrellas mi destino

La nave de carga Nomad es atacada, y Gulliver Foyle, un anodino mecánico de segunda, es el único superviviente. Flota en el vacío con los restos de la nave durante meses, sin esperanzas y al límite de la locura, hasta que divisa a lo lejos una nave terráquea que puede ser su salvación. Pero a pesar de haberle visto, la nave Vorga pasa de largo, y convierte al vulgar Foyle en un moderno conde de Montecristo, que ya sólo vivirá por y para la venganza, valiéndose de todos los medios a su alcance para lograrla.

Hacía años que quería leer este libro de Alfred Bester, todo un clásico de la ciencia ficción, y no me ha defraudado. Conocida también con el título ¡Tigre, tigre!, la novela engancha desde el primer párrafo con un ritmo trepidante y muy cinematográfico (Bester también escribió cómics y seriales radiofónicos). La acción avanza sin tregua haciendo gala de una imaginación desbordante: telepatía, teleportación, mutaciones, guerras interestelares… recursos ya trillados en su época (fue publicada en 1956), pero que aquí aparecen renovados y consiguen sorprender una vez más. Sus valores literarios son discretos, pero suficientes, y se compensan con su voluntad de innovar y el encanto pulp que posee. Una obra amenísima y muy recomendable.


viernes, 10 de agosto de 2007

Fotos hechas por teléfono (1)

Sin título, 2005

Capilla ardiente, 2005

Otxo, 2005

Una mirada a lo profundo, 2005


jueves, 9 de agosto de 2007

Infierno

Tras Mujeres, he repetido con Yoshihiro Tatsumi, esta vez con Infierno, su libro más conocido de los editados en España. Se trata de diez relatos cortos que había publicado La Cúpula en los años 80, y que ahora se reúnen (por sólo 7,50 euros) para acercarnos al lado más miserable del ser humano. En pocas páginas y sin miramientos, Tatsumi desgrana nuestras bajezas más profundas. Mis favoritos:

-Todo un hombre. Destila un humor agridulce y muy negro: el protagonista, un perdedor a punto de jubilarse, decide engañar de alguna forma a su mujer. Pero el fracaso le persigue.

-¡Qué bonito es el progreso! Koïke, un chico solitario, dona su esperma a la universidad. Pero cuando un día ve a la receptora de sus donaciones y pone cara a sus fantasías, se obsesiona fatalmente.

-Travesti. Un joven apuesto hace estragos entre las mujeres. Pero lo que él quiere es despertar esa pasión como mujer. Y lo consigue.

-Infierno. El más largo de los relatos (28 páginas) nos habla de Hiroshima, de cómo afectó al pueblo japonés, y de la maldad. Tras la guerra, una foto del escenario de la masacre se convierte en símbolo de paz y esperanza. Pero su autor descubre que la foto que le ha hecho rico y famoso esconde un macabro secreto. Al leerlo he recordado esta famosa historia real.

-La caseta. Un aspirante a escritor se convierte en perro, muy a su pesar. Brillante.

-La mujer de la nieve. Un joven se inicia en el sexo de forma inquietante, con el no menos inquietante telón de fondo de la especulación inmobiliaria.

viernes, 3 de agosto de 2007

BD Banda #1

Importante iniciativa de la gente de BDBanda, que se lanza a la edición profesional convirtiendo su fanzine en revista, sacando una tirada en gallego y otra en castellano. La revista está orientada hacia un público joven, son historias de aventuras o fantásticas, con acción, humor e intriga.

El diseño y la edición están muy cuidados, incluyendo la bonita portada de Monteys. El contenido alterna cinco historias autoconclusivas y cinco de continuará. De las primeras destacaría Astro, de Javier Olivares; el regreso de Calavera Lunar (Monteys divertido como siempre y cada vez mejor dibujante); y una de Carlos Vermut (floja, pero es un buen autor en plena trayectoria ascendente, y se nota).

En cuanto a las aventuras de continuará, la primera es Zemo, de Jorge García y David Rubín, un grandísimo dibujante para una serie que promete; Escamado, de Miguel Porto y Víctor Rivas, en la misma onda fantástica que la anterior, es pronto para juzgar; Miguel Robledo sigue con las aventuras de Os Cabezóns, que ya iniciara en BDBanda en su época de fanzine, futurismo retro y aventuras; el tándem Portela/Iglesias nos ofrece Peter Schlemihl, una BD “muy francesa” ambientada en el siglo XVIII; por último, As serpes cegas, de Hernández Cava y Seguí nos traslada a la Nueva York de 1939 con una trama de intriga. Completan las 66 páginas un artículo de Álvaro Pons sobre Franquin y una entrevista con Miguelanxo Prado.

Como veis, la revista viene muy completa: grandes autores con ganas de ofrecer grandes historias, y la intención de llegar a la mayor cantidad posible de lectores. Ojalá lo consigan. Aunque también podría poner algunos peros: la periodicidad semestral puede hacer desesperante seguir las series, su cadencia ideal para mi gusto sería trimestral, aunque entiendo lo que pesan las razones económicas. Por otro lado, su reducido tamaño hace difícil disfrutar algunas páginas, sobre todo las de As serpes cegas.

Además, aunque está bien que las historias sean “universales”, echo de menos un poco de “color local” gallego o español. Me gustaría ver esas historias fantásticas ambientadas en Pontevedra o en Xinzo de Limia, ¿por qué no? También echo en falta alguna historia de Kiko da Silva, alma máter del proyecto. Pero la sensación global es muy positiva, sobre todo me alegra comprobar la existencia de una prometedora cantera tebeística en Galicia. Suerte y que dure.

En su blog están ya avanzando cosas del segundo número, de allí he sacado las imágenes de esta entrada.

sábado, 28 de julio de 2007

Antología del cuento triste

Si un buen cuento concentra toda la vida, y la vida es esencialmente triste, un buen cuento será siempre un cuento triste. Partiendo de este lógico enunciado, Augusto Monterroso y Barbara Jacobs recopilan en este volumen una buena muestra de cuentos americanos y europeos unidos por la tristeza. Aunque los veinticuatro relatos poseen un altísimo nivel literario (Melville, Flaubert, Joyce, Onetti…), destacaría estos:

-Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, que ya conocía. El personaje de Bartleby, con su “preferiría no hacerlo”, se ha convertido en un icono moderno, precursor del existencialismo y el absurdo. Es un cuento muy ameno, que se empieza con una sonrisa y se termina con una mueca de perplejidad.

-¡Adiós, Cordera! de Clarín, lo había leído en el instituto. Es muy emotivo, la lucha estéril de dos hermanos frente a los inevitables cambios que les arrebatan su paraíso infantil.

-La cigarra, de Anton Chéjov. Es el segundo cuento que leo de este autor, y los dos me han encantado, pronto me haré con más obras suyas. Critica el mundillo del arte y el afán por destacar, valiéndose de una odiosa protagonista.

-Yzur, de Leopoldo Lugones. ¿Por qué los monos no hablan? Para mezclarse con los humanos lo menos posible (demostrando así su inteligencia).

-Los dos de Thomas Mann, Tobias Mindernickel y El pequeño señor Friedemann no son de los que más he disfrutado por su estilo, pero eso sí, destilan amargura y son tristes hasta la crueldad.

-El canario, de Katherine Mansfield, resume a la perfección el tono de la antología: una mirada a la tristeza cotidiana, entrañable y con un último párrafo genial.

-La gran rubia. Dorothy Parker, con su lengua afilada de siempre, nos habla de una mujer abandonada, primero por un hombre y después por sí misma.

-Miss Zilphia Gant, de Faulkner, es quizá el cuento que más me impresionó de todos. Una historia durísima de madre posesiva e hija que no puede escapar a su herencia. Brillante.

-Un sueño realizado, de Onetti. Un cuento complejo sobre el teatro y los sueños, ficciones dentro de ficciones, en el que los personajes escenifican una extraña variante de Hamlet.

-Luvina, famoso cuento de Juan Rulfo en el que se anticipa el pueblo de Comala de Pedro Páramo, un pueblo muerto, sin esperanza y triste, claro, muy triste.


domingo, 22 de julio de 2007

Añadiendo leña al fuego


Lapinot: La vida como viene

Cuando Lewis Trondheim empezaba a dibujar tebeos, le dijeron que no dominaría el oficio hasta hacer al menos 500 páginas. Así que se sacó de la manga a unos cuantos personajes con los que poder rellenar esas páginas, un puñado de animales antropomórficos al estilo de La Mazmorra que habitan un mundo como de dibujos animados, pero viven situaciones muy humanas. El más destacado es el conejo Lapinot: sus historias van de lo costumbrista a lo fantástico, pasando por homenajes a los clásicos del cómic y la literatura.

En este caso el tono empieza siendo de comedia de enredo para acabar convirtiéndose en una tragedia clásica: trece amigos quedan para celebrar una fiesta, y durante la misma se profetiza que uno de ellos morirá esa noche. A partir de ahí los acontecimientos se precipitan: sin abandonar nunca el tono de comedia, con equívocos y sorpresas, Trondheim aporta intriga, drama, reflexión… todo ello dosificado perfectamente por un guión redondo. Además de superar la dificultad de trabajar con trece personajes a la vez, es magistral cómo alterna lo cotidiano con lo metafísico sin que chirríe ni resulte pedante. Cada una de las cuarenta y cuatro páginas está aprovechada al máximo y se puede leer casi de forma autónoma. Los diálogos son brillantes y el ritmo endiablado, engancha al lector de los pelos y lo conduce hasta un clímax y un final buenísimos.

Por si fuera poco (por menos de 9 euros), el álbum se completa con El Acelerador Atómico, una divertida historia que homenajea las de Spirou y Fantasio, con genio chiflado incluido, y que también vale mucho la pena. Chapeau!

miércoles, 18 de julio de 2007

Marcha


Últimamente Alberto salía casi todas las noches, aunque cada vez encontraba menos satisfacción en hacerlo: las mismas caras, las mismas risas forzadas en el último pub de moda. Se había convertido en rutina, pedía un whisky tras otro y se abandonaba a charlas intrascendentes, cotilleos, juegos, en ocasiones alguna pelea de la que tenían que apartarle sus amigos.

Aquella noche de viernes, apoyado en la barra, bebía su copa y fumaba un cigarrillo con la vista perdida en los cuerpos que se retorcían frente a él en la pista de baile, sin prestarles demasiada atención.

Entonces apareció ella. Alberto se sobresaltó al verla avanzar por la pista, abriéndose paso entre la gente, la furia brillando en sus ojos verdes, que habían encontrado ya los suyos. Cuando llegó frente a él, sin mediar palabra, le cruzó la cara de una bofetada.

Lo asió de la manga y lo arrastró afuera, ignorando sus protestas. Todo el pub les miraba, y Alberto deseó estar en cualquier otro lugar, al tiempo que notaba el calor en su mejilla y escuchaba, como desde muy lejos, los mismos reproches, las mismas palabras de siempre: “qué voy a hacer contigo”, “que sólo tienes trece años…”, “ya verás cuando se entere tu padre…”


viernes, 13 de julio de 2007

Mujeres

Mi primer contacto con Yoshihiro Tatsumi, un clásico del manga que en 1956 acuñó el término gekiga (drama ilustrado) para definir sus historias, en las que refleja fríamente las miserias de los personajes, recreándose en sus comportamientos más oscuros y enfermizos: amores imposibles, crueldad, engaños, desengaños…

Se trata de seis historias cortas independientes, protagonizadas por mujeres. En una sociedad que las supedita a los hombres, estas mujeres se defienden como pueden, casi siempre empleando el sexo como arma. Es una sociedad hostil, un Japón en plena recesión económica, donde el dinero y la apariencia son muy importantes, y hay que luchar para mantener el status, a veces a cualquier precio.

El dibujo es sencillo, sin estridencias: un vehículo para las historias en el que abundan los primeros planos y los símbolos, ya que la acción transcurre sobre todo en el interior de los personajes.

Tatsumi es un autor a tener en cuenta, con el que repetiré (he leído muy buenas críticas de Infierno), y que este año estará en A Coruña para el Viñetas desde o Atlántico, aunque yo -snif- no podré ir.

martes, 10 de julio de 2007

Áyax el Menor decapita a un enemigo


Y el hijo de Oileo la cabeza
de un tajo le cortó del tierno cuello,
irritado que estaba por la muerte
de Anfímaco, y, volteando su brazo,
la lanzó cual si fuera una pelota
a través de la masa de enemigos
y, en medio del polvo, fue a caer
ante los pies precisamente de Héctor.

Homero, Ilíada