lunes, 20 de agosto de 2007

Odisea

Después de diez años de guerra en Troya, y diez más de viaje de vuelta llenos de aventuras, el héroe Odiseo regresa a Ítaca para reencontrarse con su mujer Penélope y su hijo Telémaco. Pero en su ausencia han sido muchos los que se han establecido en su palacio para pedir la mano de Penélope, y Odiseo deberá luchar para recuperar el trono y a su familia.

Es incalculable la influencia que ha tenido esta obra en toda la literatura posterior. Baste decir que al poco tiempo de su aparición, tanto la Odisea como la Ilíada se consideraban ya obras maestras, y eran analizadas al detalle por los expertos de la época.

Un misterio que nunca se ha aclarado es el de su autoría, ya que ambas obras son muy diferentes entre ellas. Hay teorías para todos los gustos: por ejemplo, Robert Graves en Los Mitos Griegos afirma (apoyando a Samuel Butler) que es casi seguro que el autor de la Odisea fue una mujer, basándose en que su estilo “ligero, humorístico, ingenuo y vivo” es claramente femenino. Es una idea, pero parece ser que los estudios más recientes defienden la teoría de “un solo autor” para los dos poemas, el Homero (masculino) de siempre, un autor que se sitúa en el punto de inflexión entre la literatura oral anterior y la inminente literatura escrita.

La Odisea es un libro más moderno, en su lenguaje y en sus temas, que la Ilíada. No se limita a exaltar el ardor guerrero, aquí hay amor, intriga, humor, emoción, violencia… es más popular, puedo imaginar al primitivo auditorio que escuchaba estas historias, maravillado, haciendo preguntas, llorando y riendo con las peripecias de los personajes.

En la Ilíada se nos narra un solo episodio de la guerra de Troya, linealmente y con pocos cambios de escenario (Troya y alrededores), en el tono épico de las grandes gestas. La Odisea, en cambio, recorre muchos lugares, reales e imaginarios, y aunque nunca se aparta del tema principal (la vuelta a casa del héroe y su enfrentamiento con los pretendientes), intercala diversos folk-tales, que ya debían ser viejos en el momento que Homero compuso su obra, narrados en tercera persona, o bien en primera por Odiseo: así, su encuentro con los lotófagos, con el cíclope Polifemo, el episodio de las sirenas… A diferencia de los héroes de la Ilíada, los personajes son aquí más cercanos, más “humanos” en sus deseos y sus miserias. Empezando por Odiseo, un protagonista perfectamente definido, astuto, racional, seductor, buen camarada y gran contador de historias.

Pese a todo, hay múltiples similitudes entre las dos obras, como las repeticiones formulares (“la aurora de rosáceos dedos”), las metáforas, o los constantes sacrificios a los dioses y la intervención de éstos en los asuntos humanos.

Por último, y como curiosidad, decir que según el autor de la Guía de Lectura de ésta edición (Austral), la isla de Ogigia, en la que Calipso retiene a Odiseo durante años, no es otra que… ¡”nuestro” islote Perejil! Al final sí valía la pena reconquistarlo (ja)… qué cosas…


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